Reconocer que se encuentra en una situación de miseria, y la fuerza de voluntad necesaria para hacerle frente.
Lo primero sería considerar en qué se es bueno o se tiene cierta especialidad; en caso de no contar con una habilidad en específico, aprender una con carácter de urgencia.
Al saber o descubrir la habilidad, lo importante es darse a conocer y ser de utilidad para los clientes que sepan valorar esa habilidad de la que carecen o no disponen del tiempo para realizar.
Investigar quién es el tipo de persona más propensa a estar interesada en el producto o servicio que ofrecemos, ya que al conocerlo podemos adaptar nuestra estrategia a sus necesidades y brindarle una solución.
- Portafolio: Contar con una forma de demostrar las aplicaciones o resultados de las habilidades realizadas; al no tener uno, comenzar a recopilar las evidencias de los proyectos realizados.
- Límites sanos: El negociar el precio de un producto o servicio es algo inevitable; sin embargo, se debe considerar el respeto a uno mismo como algo primordial y no secundario, no temer perder un cliente dudoso por un cliente convencido.
- Reciprocidad: Aprovechar las ayudas que le puedan ofrecer personas, pero a su vez también saber agradecer y ser alguien de utilidad para esas personas.
- Puntualidad: La eficiencia de cumplir con los tiempos esperados respetando los acuerdos previos y cumpliendo la palabra es algo que hace a una persona digna de confianza y, por lo tanto, de mejores oportunidades.